Bien Agradecido Pero No Complaciente: ¡Legalización Ahora!

De abolengo soy de una familia de escasos recursos y trabajadora. Después que quedo viuda y para mantener al resto de la familia, mi Abuela vendía tamales y atole en la esquina del callejón donde vivíamos. La sabiduría simple y profunda de mi Abuela, una India con sangre Africana de las tierras de Oaxaca, eran convertidas en frases pequeñas pero con  mucho significado. Ella siempre nos decía que en esta vida hay que siempre ser bien agradecidos, por lo bueno y lo no-tan-bueno. Esta filosofía de alguna manera penetro a mi Madre de tal manera que al arribar a este país como indocumentados siempre buscamos el ser agradecidos con lo que teníamos y lo que podíamos recibir con mucho trabajo de este País.

. . . si trabajamos duro y nos comportamos honestamente “el buen gobierno” nos premiaría dándonos la oportunidad de legalizarnos.

Mi Madre, quien sólo pudo cursar hasta el sexto grado de primaria, como millones de personas emigró para “el otro lado”, como le llamaba,  casi después que también enviudo y después de no encontrar como sobrevivir en nuestro País. Mi madre, al venirse al otro lado le toco vivir el apogeo de la amnistía promovida por el conservador—y a quien se le atribuyen las política neoliberales que hasta hoy tienen efecto dentro y fuera del país—Ronald Reagan a finales de los 80s. El instinto de mi madre le sugiere desde entonces que de alguna manera esta clase de bondad también nos llegara ha nosotros algún día. Con razón no era extraño escucharla decir que si trabajamos duro y nos comportamos honestamente “el buen gobierno” nos premiaría dándonos la oportunidad de legalizarnos. Ya llevo veinte años esperando esa promesa.

A principios de los noventa cuando mi madre nos trajo para “el otro lado” sus promesas cada ves se hacían menos y menos posibles en mi propia vida. Esto es debido a mi mí experiencia  de la pobreza y violencia con la que hasta aquí en la tierra de los dólares se puede vivir.  Por ejemplo: El miedo que con apenas diez años ya conocía de la migra o de la policía, la pobreza en el sistema de educación; la violencia en las calles de mi barrio; el saber que la educación no me garantizara un carrera profesional; y el horror de saber que mi vida estaba en juego con propuestas populares como la maltrecha 187—la cual negaría servicios como educación y salud a personas sin documentos— que mantuvo la carrera política del Ex-gobernador de California Pete Wilson en California. No hay duda que los Estados Unidos me ha brindado a mí y mi familia oportunidades que el mío propio me ha negado por ser pobre. Los ideales de democracia, justicia y libertad los cuales este País me ha enseñado me inspiran y por ello, como me enseñaron mi Madre y mi Abuela,  estoy bien agradecido.  También, de cualquier manera, debo de reconocer que cada oportunidad, como la de educarme y la de trabajar para mantenerme, yo me las he ganado con mucho trabajo y que nada se me ha dado gratuitamente. Por lo tanto, el agradecimiento que tengo para con este País no se puede volver en complacencia. Así que soy libre, por convicción propia, de hasta criticar este País del cual soy parte pero que hasta hoy me niega una integra participación. El momento histórico en que vivimos, en el cual mi futuro y el de millones de persona se vuelve cada ves mas frágil, hace mi critica en contra de este País un llamado a que ponga sus valores en practica. Democracia, justicia y libertad son las demandas que 12-Millones de persona hacemos a este País. Claramente sabemos que la falta de legalización para nosotros solamente esparcen la oportunidades para negar los valores los cuales este País se gloría y de los cuales aunque seamos indocumentados tomamos muy seriamente. Por lo tanto a pesar de mi agradecimiento nunca seré complaciente, ¡Legalización Ahora!

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ireri says:

Bien dicho compañero. lo que tenemos en este pais no fue obtenido gratis. Hemos tenido que trabajar muy duro por lo que tenemos, y por mantener los logros de inclusión que otros han tenido durante el curso de la historia. No va a cambiar nada si no peleamos por ese cambio.