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María: “To This Day, My Son Turns White and Hides When He Sees Police Officers. They Are No Longer There To Protect Us.”

This morning, we bring the story of María Paz, whose husband Brígido Acosta Luis was deported on November 19th, 2013. María shared her story at the National Coming Out of the Shadows rally in Chicago.

Photo Credit: Isaac Silver

Photo Credit: Isaac Silver

I believed President Obama when he said he was going to protect our families. When he said the only immigrants being deported were felons or violent criminals. My husband is neither. I thought we were safe.

October 16th, 2013 changed my life forever. That night I left my husband, Brígido, and 3-year-old son at home alone. They were carving the Halloween pumpkin and I had to pick my daughter up from cheerleading. Dinner was on the stove.  As the door closed behind me a thought came to me: I had not given my husband a good-bye kiss, I had not told him I loved him, but thought nothing of it. What could possibly happen?

Within minutes my husband called me and told me there were officers at our home and he was going to be arrested.  They wouldn’t tell him what the charges were until I got home. To this day I think they were hoping I was undocumented as well so they could get 2 for the price of 1. 

When I got home, I found out they were ICE. They handcuffed him in front of our children and left, leaving my children and I huddled on the floor in tears. To this day, my son turns white and hides when he sees police officers. They are no longer there to protect us.

Even after they took him, I thought I would pay his bond and we would get the chance to fight this in court, but he had become a priority for ICE because he had a prior deportation order which was being reinstated. My husband has never had a chance to go before an immigration judge.

My husband spent over 30 days in detention. He was given moldy food, food that smelled rancid and in fear of being placed in solitary at an officer’s whim. While in detention, we were able to get married. That morning I forgot my ID, I broke down, I pleaded, I begged, I cried, I got down on my knees, “please let me get married”. As I was pleading with one officer, the other two were laughing their heads off.  I finally got a reverend to marry us during visiting hours. Brígido was on a TV screen and I can only imagine what my wedding kiss would have been like.

On November 19th 2013 my husband was deported. That morning I was able to give him one piece of luggage. I was not allowed to touch him; no good-bye kiss, no good-bye hug. 2 minutes. And move on. He was shackled for over 15 hours.  Having to bring his head to his knees in order to eat and drink. Biting the cup, tipping his head back, drinking.

When the shackles finally came off, right before he was to cross the border into Mexico, his wrists and ankles were bruised and cut. Stop the deportations. Brígido was one too many. There’s been 2 million 2 many already.

Translation

Yo le creí al Presidente Obama cuando dijo que iba a proteger a nuestras familias. Cuando dijo que los únicos inmigrantes siendo deportados eran criminales o delincuentes violentos. Mi esposo no era ninguno. Pensé que estábamos a salvo.

El 16 de octubre 2013 cambió mi vida para siempre. Esa noche deje a mi esposo, Brígido, y a hijo de 3 años solos en casa. Ellos estaban esculpiendo calabazas de Halloween y yo tenía que recoger a mi hija de practica para ser porrista, la cena estaba en la estufa. Cuando la puerta se cerró detrás de mí, un pensamiento vino a mí, no me había dado mi esposo un beso de despedida, yo no le había dicho que lo amaba, pero no le pensé mucho al respecto. ¿Qué podría pasar?

En cuestión de minutos mi esposo me llamó y me dijo que había oficiales en nuestra casa e iba a ser arrestado. Ellos no querían decirle los cuales eran los cargo hasta que llegué a casa. Hasta este día, creo que esperaban que yo también fuera indocumentada, así podrían conseguir dos por el precio de uno.

Cuando llegué a casa, me di cuenta de que era ICE. Lo esposaron enfrente de nuestro hijos y se marcharon, dejando a mis hijos y yo acurrucados en el suelo en lagrimas. Hasta este día, mi hijo se vuelve blanco y se esconde cuando ve a los agentes de policía. Ya no están ahí para protegernos.

Después de que se lo llevaron, pensé que yo iba a poder pagar su fianza y tendríamos la oportunidad de luchar esto en corte. Pero el se había convertido en una prioridad para ICE porque tenía una orden de deportación anterior que estaba siendo restablecida. Mi esposo nunca a tenido la oportunidad de ir ante un juez de inmigración.

Mi esposo pasó más de 30 días detenido. Le daban comida comida que olía rancia y tenía temor de ser puesto en aislamiento por el capricho de un oficial. Durante su detención, pudimos casarnos. Esa mañana  se me olvido mi identificación, me vine abajo, les rogué, me puse de rodillas, “por favor déjenme casar”. Cuando le estaba suplicando a un oficial, los otros dos se reían a carcajadas. Finalmente conseguí que reverendo nos casara durante las horas de visita. Brígido estaba en una pantalla de  televisión y sólo me puedo imaginar como habría sido mi beso de la boda.

El 19 de noviembre 2013, fue deportado mi esposo. Esa mañana tuve la oportunidad de darle una pieza de maletas. No se me permitía tocarlo, sin beso de despedida, sin abrazo de despedida. Dos minutos. Y seguir adelante. Fue encadenado por mas de 15 horas. Teniendo que llevar la cabeza sobre sus rodillas para poder comer y beber, morder el vaso, inclinando su cabeza hacia atrás, bebiendo.

Cuando los grilletes finalmente fueron quitados, justo antes de él cruzara la frontera hacía México, sus muñecas y los tobillos estaban magullados y cortados. Alto a las deportaciones. Brígido fue una de más. Ha habido 2 millones demasiadas.

 

 

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