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Sara: “We All Have The Right To Be Here Without Living In Constant Fear. We have The Right To Live With Dignity. We Have The Right To Exist.”

To conclude the National Coming Out of the Shadows speeches, we share Sara’s story who grew up in Rockford, Illinois and is currently a student. 

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My name is Sara; I am 21 years old. I am a student, a friend, a sister, a daughter…

As I stand in front of all of you, I never would have thought that the girl who was hearing audio from the first coming out of the shadows would be standing here today, declaring herself undocumented, unafraid, and unapologetic.

I was born in Rio Verde, SLP, and brought to the US by my parents in 1997.

My family and I built a life — about an hour and a half away from here — in Rockford, IL.

I did all my schooling in Rockford and just like many other undocumented students, I did not realize the impact that my status had on me until I reached my last years of high school. I think back to the times where I’d lay in bed feeling so uncertain about my future and thinking “will this get any better?”

I think back to the amounts of times I’ve contemplated my own existence and the suicidal tendencies that have surfaced due to the lack of a 9 digit number, not being able to get a drivers license, and getting financial aid.

I felt bitter every time my friends would tell me about their college plans because at that point I had no college plans. Despite being accepted to various universities, I had to decline going to these schools.

But I’m not only here to tell you about me. I am also here to share with you the damage and pain that our current immigration policies have placed on our communities and my family.

17 years ago, my father left behind a mother who he has not seen since then. Every time I am on the phone with mi abuelita, I hear her tired and sick voice, and I remind her “fuerza, chelito!” My heart gets heavy, my body then tenses up with the thought that the conversation that we just had might be the last. “What if she dies?” I always think, “what if my dad is not able to see her one last time, let alone say goodbye?”

My father and mother left behind their families in Mexico. I feel hurt thinking about all the sacrifices that my parents have made in order for them to pursue the American Dream. They work restlessly – job after job in order to get just a taste of that dream. But in reality, this American Dream has consisted of my father seeing his kids only 30 minutes a day.

That girl back in 2010 was frightened – scared that uttering “undocumented” or “no tengo papeles” would land her or her family members in deportation proceedings.

I never would have thought that the same girl would later be blocking a deportation bus with 11 other fellow organizers to show that if the president and his administration do not act in the halt of deportations – we will.

Throughout the years, as I’ve watched community members’ rise up for the rights of not only themselves but their community, I have gained the courage to speak up.

I am privileged in the fact that none of my family members have been placed in deportation proceedings, but that is not to say that they won’t ever be in that situation. My father could find himself in that deportation bus leaving Broadview at any point. So when a community member is detained, it is a personal attack on me. I will not sit back and continue to watch families be destroyed and separated. We all have the right to be here without living in constant fear. We have the right to live with dignity. We have the right to exist.

Two million deportations are too many and deportations must end now.

Translation

Mi nombre es Sara; tengo 21 años. Soy una estudiante, una amiga, una hermana, una hija…

Ahora que estoy aquí enfrente de todos ustedes, nunca hubiera pensado que la niña que escucho el audio del primer ‘saliendo de las sombras’ estaría aquí, declarándose indocumentada, sin miedo, y sin pedir perdón.

Nací en Rio Verde, San Luis Potosí, y fui traída a los estados unidos por mis padres en el 1997.

Mi familia y yo construimos una vida – aproximadamente a una hora y media de Chicago, en el suburbio de Rockford, IL.

Toda mi educación fue en Rockford y al igual que muchos otros estudiantes indocumentados, no me di cuenta del impacto que mi estatus tendría en mí hasta que llegué a mi último año secundaria. Vuelvo a pensar en los momentos cuando me acostaba en la cama sintiéndome tan insegura sobre mi futuro y pensando ‘mejorara esto’?

Vuelvo a pensar en la cantidad de veces que he contemplado mi propia existencia y las tendencias suicidas que han surgido debido a la falta de un número de 9 dígitos, al no ser capaz de obtener una licencia de conducir y ayuda financiera.

Me sentía amarga cada vez que mis amigos hablaban conmigo sobre sus planes universitarios porque en ese tiempo, yo no tenía planes universitarios. A pesar de que había sido aceptada en varias universidades, tuve que negar ir a esas universidades.

Pero no estoy aquí solamente para hablar acerca de mí. También estoy aquí para compartir con ustedes el daño y el dolor que nuestras leyes de inmigración han puesto en nuestras comunidades y en mi familia.

Hace 17 años, mi padre dejo a su madre que no ha vuelto a ver. Cada vez que estoy en el teléfono con mi abuelita, escucho su voz casada y enferma, y le recuerdo que “fuerza, Chelito!” Mi corazón se pone pesado, mi cuerpo se tensa con la idea de que la conversación que acabamos de tener podría ser la última. “Qué tal si ella muere?” Siempre pienso, “que tal si mi padre nunca será capaz de verla por última vez, y mucho menos decir un último adiós?”

Mi padre y madre dejaron atrás a sus familias en México. Yo siento dolor al pensar en todos los sacrificios que mis padre y madre han hecho para perseguir el sueño americano. Trabajan sin descanso – trabajo  tras trabajo con el fin de sólo obtener una muestra de ese sueño. Pero en realidad, este sueño americano siempre ha sido el de mi padre ver a sus hijos tan sólo por 30 minutos al día.

Esa niña del 2010 tenía miedo – miedo que decir “indocumentada” o “no tengo papeles” podría causar que ella y su familia terminaran en proceso de deportación.

Nunca habría pensado que esa misma niña bloquearía un autobús de deportaciones con otros 11 organizadores para demonstrar que si el presidente y su administración que si no paran las deportaciones – nosotros lo haremos.

A lo largo de los años, he visto a miembros de la comunidad luchar por sus derechos de no solamente de sí mismos pero de toda la comunidad, he conseguido el valor para luchar.

Tengo el privilegio en el hecho de que ninguno de los miembros de mi familia hayan sido puestos en proceso de deportación, pero eso no quiere decir que nunca podrán estar en esa situación. Mi padre podría encontrarse en ese autobús de deportación saliendo de Broadview en cualquier momento. Cuando un miembro de la comunidad es detenid@, es un ataque personal contra mí. No me quedare sentara y seguir viendo a familias ser destruidas y separadas. Todos tenemos el derecho de estar aquí sin vivir en constante temor. Tenemos el derecho de vivir con dignidad. Tenemos derecho de existir.

Dos millones de deportaciones son demasiadas y las deportaciones deben de terminar ahora. 

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